Antes los objetos se hacían para durar, para ser reparados. Hoy se hacen en grandes cadenas de producción con el único fin de ser caducos. Ya no se repara ni se cuida con mimo objetos y artículos que nos acompañaban toda la vida, que nos servían durante generaciones. Los artesanos tradicionales han desaparecido, y en su lugar solo existen puntos de desperdicios y cadenas de ventas de baratijas. Puro consumismo decadente.

Sé bienvenid@ a Duraderos, el primer blog de consumo en donde nos fijamos en la fiabilidad de los productos y en su utilidad práctica. Aquí te hablaremos de los objetos y artículos hechos para durar y para resistir el más rudo trato diario, nuestro ritmo. Hechos como antes. En una palabra: duraderos.

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28.12.16

Economía de escala (o por qué las bombillas que fabricamos aquí se venden en China)


Tengo un amigo que posee un taller, en el cual se dedica a la construcción y montaje de diferentes elementos arquitectónicos para servir de decoración y utilería. Él siempre defiende los productos de origen español y a los proveedores españoles, e intenta adquirir las piezas que él no puede construir, así como las piezas accesorias, siempre en proveedores regionales y, de no ser posible, en proveedores nacionales. De esta forma intenta proteger no solamente el producto español, sino el trabajo hecho por mano nacional.

Pero hace unas semanas, mientras conversábamos me decía que estaba intentando encontrar unas piezas para uno de sus modelos que no encontraba por ningún sitio, y que él creía que quizá incluso ni se producirían cosas como la que buscaba. Me comentaba que estaba sopesando el producir esas piezas él mismo, aunque eso le fuese mucho más caro. Las piezas que él pensaba producir serían de aluminio y para ello tendría que adquirir grandes listones de ese metal. Luego, a otro proveedor, encargarle cortarlos a determinadas medidas y con determinadas formas, y hacer finalmente él mismo la terminación y el acabado.




El caso es que tenía entonces que hacer todo eso que luego, lógicamente, incidiría negativamente en el precio final y siendo por lo tanto menos competitivo.

Le convencí diciéndole que me diera un tiempo para mirárselo y que le daría una respuesta.

Al poco de decírselo estuve buscando y no encontré, en efecto, ningún proveedor en España que ofreciese esas piezas a precios competitivos, porque prácticamente todos los que tenían algo parecido que esta persona pudiese adaptar a sus necesidades sólo vendían en cantidades industriales y a precios astronómicos, que llevaría a que fuera completamente inviable adquirirlo, porque el margen de beneficios hubiera sido muy escaso.

Pero resultó que unos proveedores de China ofrecían unas piezas de un material de silicona que podían cumplir la misma función, incluso mejor porque había la opción de elegir la pieza transparente, por lo que una vez ensamblada no se vería.

Se lo comenté y se sorprendió de que pudieran existir esas piezas tal y como él las quería, que desde China se las sirviesen ya cortadas y a la medida, y encima a unos precios casi irrisorios.


A regañadientes, molesto e incluso enfadado, tuvo que ceder y tuvo que pedir esas piezas a China. Hace unos días las recibió y se puso en contacto conmigo para comentarme lo satisfecho que estaba y lo bien que le había ido la operación con los chinos. No solamente eran piezas de buena calidad, sino que gracias a ser de silicona podía modificarlas a su antojo según el modelo que necesitase, ahorrándose así sobrecostes.

Ha quedado, por ello, no solo totalmente satisfecho, sino que además se ha visto gratamente sorprendido de lo que se puede encontrar en proveedores tan lejanos, consiguiendo elementos que no se encuentran en España y a precios muy competitivos.

Me comentaba que ahora se explicaba por qué algunos de sus conocidos encargaban parte de sus trabajos a empresas chinas porque aquí no les convenía hacerlo ni les resultaba competitivo. Lo que no entiendo es que productos y artículos tan simples no se fabriquen aquí, sino que se tengan que pedir fuera y no tengan más remedio muchos empresarios, que los hubieran adquirido más cerca si pudieran, recurrir a sitios tan lejanos.


Y es que hay casos que llegan a extremos de locura, hasta extremos que ni la mente más retorcida y demente podría ser capaz siquiera de idear. Uno lo he vivido en carne propia y tiene que ver también con China, y con las bombillas de bajo consumo, tan populares ahora. Resulta que todo el mundo aconseja este tipo de bombillas de ahorro y en la mayoría de ferreterías y almacenes solamente se encuentran de ese tipo, ya que las convencionales está prohibido venderlas.

El problema es que sí, se recomiendan bombillas de LED, que no está mal, pero ocurre como en muchos otros aspectos: a los que no puedan actualizarse o siguen usando por imperiosa necesidad sistemas más antiguos, los dejan aparcados y se les ignora.

Un claro ejemplo lo tengo en casa de un familiar, una persona muy mayor, anciana, que tiene una casa muy vieja y obviamente no tiene el dinero suficiente para reformarla. En su instalación eléctrica las bombillas de bajo consumo no sirven, porque cuando se ponen se quedan encendidas y no se pueden apagar, mientras que con una bombilla normal de hilo de tungsteno no ocurre eso. Con las bombillas de bajo consumo lo que le ocurre a esta anciana es que se le quedan medio encendidas aunque el interruptor esté apagado, lo cual obviamente consume electricidad. Al final lo que se ahorra en este tipo de bombillas se acaba quedando en nada al tenerlas prendidas día tras día, por lo tanto esta señora no obtendría ahorro ni ventaja alguna por usarlas.


Lo que tuve que hacer para que pudiera seguir usando bombillas y no viviera en su casa en absoluta y completa oscuridad fue pedir un lote a China, que recuerdo le salió por un precio bastante bueno. Tuve que pedírselas a China porque tras buscarle esas bombillas en todas partes, todos decían que tenían prohibido venderlas y que no las tenían. Cual sería mi sorpresa cuando las recibe y veo en el embalaje de las cajas de las bombillas, unas Philips "de las de toda la vida", la denominación: "Made in Spain". Me quedé asombrado: o sea, que son bombillas que se producen y fabrican en España, pero que no se pueden vender en España y que las envían a China (donde sí se usan masivamente, por cierto), y si las quieres tienes que volver a pedirlas de nuevo a China para que desde China te las vuelvan a enviar otra vez de nuevo a España. ¡¡Pero esto es de locos!! ¡El chino al que se las encargué debió haberse quedado flipando al ver que tenía que pedírselas desde el país de origen, ¡porque aquí no puedo comprarlas!

Estas cosas son para encerrar a los políticos y a todos los borrachos salvajes que nos gobiernan desde los estrados dorados y altivos europeos. Es para encerrarlos a todos en una pocilga y no dejarlos salir nunca. Vamos a ver: ¿cómo es que hacen una normativa, obligando a que ancianos en casa antiguas tengan que realizar sus compras al exterior de unas bombillas ¡que se fabrican aquí!?


Que quede claro que yo defiendo el medio ambiente más que nadie, he incluso durante muchos años pertenecí a una organización ecologista -con eso lo digo todo-, pero antes del medio ambiente están los seres humanos. No quiero ser tan hipócrita como esos que defienden una nutria porque "van de guay" en las fotos sonrientes, y luego comen su carne en los restaurantes de lujo de París o Londres. O aquellos otros que defienden leopardos o los toros pero no les tiembla el pulso cuando condenan a seres humanos con sus leyes discriminatorias.

Creo que si una casa es antigua y sus habitantes no tienen otra opción, se les deberían ofrecer otras alternativas. Lo mismo ocurre con las señales digitales de televisión, miles de televisores acabaron llenando los vertederos, contaminando el medio ambiente con sus componentes metálicos -para esas cosas, como les interesa a ellos, el medio ambiente les importa un carajo- en pro de poder ofrecerles a unos cuantos millonarios una banda ancha para poder ver los vídeos de sus amantes y de sus furcias a alta calidad por Internet. Haciéndoles después a las personas menos pudientes comprar TDTs (la mayoría de ellos ahora han acabado también en la basura, y en sitios de reciclaje -cuando lo cumplen y lo hacen, que casi nunca suele ocurrir- y los vertederos están llenos de ese tipo de aparatejos).


Me pregunto en pro de qué tecnología y de qué ventajas se acaba haciendo todo ésto. Quién es el loco -o quienes lo son- que en una noche de sexo y orgía se deciden a aplicar este tipo de leyes pasándoles por el forro todos los ciudadanos y toda la problemática social que ello conlleva, solo mirando su propio interés para poder así adquirir al mes siguiente un televisor más grande donde ver más tetas y más culos a toda pantalla mientras se tiran a su secretaria en sus piscinas climatizadas. Es que este tipo de cosas me sacan de quicio, lo siento, pero es así, y es hora de que se digan y se pongan las cosas como son y sin medias tintas.

En pro de qué tipo de progreso, o en nombre de qué cuestionable futuro, se acaba apartando a las personas que por no tener medios económicos, por cobrar bajas pensiones, por no poder tener una casa decente, tienen que sufrir en doble medida: por un lado sus penosas condiciones de vida -como si eso no fuera ya bastante- y por el otro que se la hagan más difícil prohibiéndoles la adquisición de elementos tan básicos como una bombilla, una simple y cutre bombilla. Hasta ahí, hasta esos extremos hemos llegado.


¿No sería primero y más importante el proveer a esas personas y facilitarles el acceso a una vivienda digna, y después ya llegará el momento de prohibir bombillas y de preocuparse de que usen determinada iluminación o determinado smartphone, o de determinada tecnología de televisión?

Comprendo que los que ven vídeos porno que ocupan varios gigas para entretener su vista mientras están en las largas sesiones del Congreso agradecerán disponer de conexiones de banda ancha -pagada por todos los ciudadanos, por cierto-, no digo que no, pero también es verdad que eso es menos importante que proveer de lo básico a familias sin recursos, a personas que están desempleadas, y a ancianos y ancianas.


El problema de fondo es que esas pobres personas, la mayoría de ellas, no tienen el peso ni el músculo e influencias que poseen las grandes operadoras de telefonía y televisión. Y he aquí el fondo de la cuestión: que esas personas no tienen voz, mientras que los otros tienen un altavoz porque controlan los medios -de hecho, ellos son los medios- y pueden influir creando no solamente opinión para que la gente, el ciudadano de a pie, no se dé cuenta de lo que ocurre ante sus propias narices, de lo que le están haciendo a dos pasos de él, sino moviendo a la gente a pensar lo que ellos deseen, lo que les apetezca según sus intereses.

Los demás, ¿qué podemos hacer? ¿Quién nos va a prestar atención en un pequeño blog de opinión como éste, frente a sus mastodónticos medios de prensa como El País, RNE, la Cadena SER o El Mundo? Está claro que mientras esos dirigentes estén bien pagados como se ha demostrado tantas veces con fondos desviados a sus campañas electorales, acabarán debiendo a todos esos gigantes de la comunicación una buena cantidad de favores y cesiones.


Es lamentable que todo esto esté ocurriendo y que la sociedad, adormecida por los "Cuéntame" y seriales parecidos en la caja tonta, se sienta ya contenta y convencida y no exija nada más que más "pan y circo".

Pero por desgracia ya no les ofrecen ni eso. Ahora es solamente "circo", y aún así se sienten contentos, se lo agradecen, y les aplauden.

| Redacción: Duraderos

2 comentarios :

  1. Lo leí en su día. Me gustaría apuntar que hay empresas que empiezan a relocalizar y vuelven a fabricar aqui. Por ejemplo algunas jugueteras. Esperemos que se vaya extendiendo esta práctica.

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  2. No entendí bien por qué no puede utilizar bombillas nuevas, si es por los interruptores, es mejor cambiarlos considero que el costo no es demasiado alto, porque de lo contrario es arriesgarse a un incendio por ejemplo

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