Antes los objetos se hacían para durar, para ser reparados. Hoy se hacen en grandes cadenas de producción con el único fin de ser caducos. Ya no se repara ni se cuida con mimo objetos y artículos que nos acompañaban toda la vida, que nos servían durante generaciones. Los artesanos tradicionales han desaparecido, y en su lugar solo existen puntos de desperdicios y cadenas de ventas de baratijas. Puro consumismo decadente.

Sé bienvenid@ a Duraderos, el primer blog de consumo en donde nos fijamos en la fiabilidad de los productos y en su utilidad práctica. Aquí te hablaremos de los objetos y artículos hechos para durar y para resistir el más rudo trato diario, nuestro ritmo. Hechos como antes. En una palabra: duraderos.

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20.12.16

Prueba: bolígrafo Faber-Castell Poly Ball, un simplón "ballpoint pen" vestido de plata barata


Faber-Castell es una compañía de gran prestigio y es, además, una firma de rancio abolengo. El nombre proviene de familias nobles alemanas, que aún mantienen el control de la empresa. Sus útiles de escritura tienen todos ellos una gran calidad, incluso desde las gamas más bajas, lo sé por propia experiencia porque he probado varios de sus artículos, aunque en lápices no son precisamente mi debilidad, pero sí he de reconocer, aunque sus precios sean un poco más elevados que en el resto -aquí más que nada es cierto lo de que pagas la marca- que suelen ir acompañados de una gran calidad. Por lo tanto cuando compras sus productos, aunque sepas y notes que estás pagando algo más de dinero por ellos, también sabes que vas a obtener una calidad más alta, superior a la media, tanto de escritura, de en útiles de pintura, de dibujo... En todos los artículos en los que trabajan y de todas las temáticas en las que están presentes.

A esto hay que unir que sus productos de madera, como los lápices, suelen estar hechos a partir de bosques controlados por ellos mismos, por lo que es una madera que tiene garantizada su sostenibilidad, algo que no pueden decir otras muchas marcas.




Una alternativa que vi que de inmediato me gustó por su tonalidad rojiza oscura fue la del Faber-Castell Poly Ball. Éste Faber-Castell es de relativa reciente aparición, de hecho en la web del Reino Unido aparece todavía como novedad. Se ofrece en una variedad inmensa de colores, todos muy bonitos, lo cual, junto con la marca (Faber-Castell llevaba tiempo siendo una de mis preferidas) se convirtió de inmediato en una opción más que buena para ocupar el sitio de mi "bolígrafo de compañía" diaria. Faber-castell posee útiles de escritura de gran calidad, y también otros a precios muy competitivos. Además es una marca de renombre, en donde puedes encontrar útiles carísimos.

Son varios los aspectos que me atrajeron de este bolígrafo, por supuesto uno de los principales fue el sistema de pulsación superior, su ergonómica forma en la forma de sujección de los dedos, ya que hace como una especie de curvatura en la parte más baja y cuando manejas el bolígrafo evita que resbale y se deslice, con lo que no tienes que sujetarlo como los bolígrafos tradicionales (como los mismos Inoxcrom 77, con una parte final del cuerpo excesivamente afilada). Estos Faber-Castell, por lo tanto, disponen de una forma ergonómica comodísima.


Otra de sus características es que todo el cuerpo central del bolígrafo es de resina. Seré extraño, o diréis que voy contra corriente, pero prefiero cuerpos de este estilo de resina que es más ligero y para escribir te cansa mucho menos. Por supuesto carece de la resistencia y durabilidad del metal, pero un buen bolígrafo de metal si no está bien construido puede acabar deteriorándose fácilmente tanto por la zona del clip como por la fricción entre la parte de plástico y la rosca con el cuerpo de metal, así que la durabilidad de muchos bolígrafos con partes del cuerpo de metal también habría que dejarla en entredicho, al menos en muchos casos.

Por supuesto la opción más equilibrada sería un cuerpo íntegramente en titanio, con lo que obtendríamos la ligereza y comodidad de la resina, y la resistencia y durabilidad del metal, pero un bolígrafo así tiene un precio enormemente prohibitivo. Otra opción sería el aluminio, más asequible que el titanio, pero por muchas cuestiones no es el aluminio el metal que me atrae más.

Así que el más asequible y ligero Faber-Castell era ideal.


La tinta de estos Faber-Castell Poly Ball es una de las más caras de su gama, es la ISO 12757-2 G2M DOC apta para documentos (es tinta indeleble, resistente al agua y a la decoloración), pero no obstante aunque sea cara no me preocupa porque al ser recambio estándar podía ponerle cualquier recambio tipo Parker, como los de Inoxcrom, los mismos de Parker, o los Pelikan 337.

No es el bolígrafo por tanto que yo tenía en mente en un principio adquirir, no era el más parecido al Inoxcrom Toledo, pero visto lo visto y según está el panorama y lo que se vende ahora (casi todos bolígrafos con zonas de goma y con colores que distan bastante de los que me agradan), el Faber-Castell Poly Ball era el que más se acercaba a lo que quiero.


Faber-Castell Poly Ball VS Staedtler Elance
Otra alternativa bastante atractiva era la del Staedtler Elance. Es un bolígrafo en el que tienes muchas opciones, tanto de cuerpos de metal, como de resina en diferentes y llamativos colores, pero el problema es que encontrarlos es imposible. He intentado encontrarlo en un color que fuera parecido al rojo que me gusta, pero el único que he encontrado en el Staedtler Elance ha sido el de cuerpo de metal plateado, que es el más caro, y después colores azules que no es lo que buscaba. Es curioso, porque Staedtler es una marca que suele tener los productos bastante fáciles de encontrar, pero sin embargo cuando buscas algo muy en particular es extraordinariamente difícil encontrarlo, no solo porque se venden sólo para determinados países o zonas, sino porque además suelen sacar series limitadas y lineas exclusivas con unidades no demasiado voluminosas, dando por resultado que si te gusta un color especial o un material de uno de sus instrumentos de escritura, encontrarlo es muy difícil. No solamente a nivel local, en tiendas físicas, sino que por Internet tampoco he visto muchas opciones de los Staedtler Elance.

De modo que según las posibilidades disponibles que tenía a mi alcance el único más equilibrado que veía era el Faber-Castell Poly Ball que era por el que al final me decanté para probar. El Elance tiene la ventaja, además, de que el clip de sujección es difícil de que se rompa o se parta -lo que es muy habitual en este tipo de bolígrafos-, porque es una parte muy sólida al estar hecha de una pieza con el pulsador, cosa que muchos otros fabricantes no suelen tener. Esta es una gran ventaja para quien abusa como yo del clip de sujección, porque sino suelen acabar rotos o partidos, o desprendidos del cuerpo del bolígrafo. Por contra, el Staedtler Elance tiene el cuerpo demasiado fino y mucho menos grueso que el de Faber-Castell Poly Ball, así que en ergonomía es cierto que gana bastante el de Faber-Castell.


Pero después de la tormenta llega... la decepción
Hasta aquí todo bien, perfecto, no hay nada que objetar, incluso en la misma marca Faber-Castell encuentras productos muy elitistas que compiten, y con todas las de la ley y sin amilanarse, con marcas de lujo, marcas carísimas de todo el mundo. Así que cuando adquirimos un producto Faber-Castell se presupone ya de inicio que vas a contar con una calidad, acabados y materiales fuera de lo común, aunque su precio sea, repito, no muy alto y sean de la gama baja de la marca.

Por esto cuando decidí recurrir a ellos para conseguir mi bolígrafo que debería sustituir al Inoxcrom Toledo, Faber-Castell fue una de las marcas que más me atraían. Es cierto que en un primer momento me echó para atrás su precio, y es que el precio de estos bolígrafos dobla a los de otras marcas, rondando en precio a marcas como Parker. Y el otro aspecto que hizo que me pensara bastante el adquirirlos fue la imposibilidad de encontrarlos cerca de donde vivo. Quizá porque han salido recientemente al mercado sea la causa de que no tengan aún mucha difusión, o porque su distribución esté limitada únicamente a unos determinados países, lo cual en Faber-Castell tampoco es extraño, ya que suelen hacer ediciones solamente para China, o solamente para Inglaterra (donde tienen bastante peso y éxito), para otras regiones asiáticas o, por supuesto, para su mismo país, Alemania. Y esos son modelos o ediciones que solo se encuentran en esos países determinados.

Aún así decidí arriesgarme por la marca, porque es una marca que sabes que si apuestas por ella vas a ganar seguro. Pero siempre hay una excepción, y creo que en este caso es con sus bolígrafos.

Estos bolígrafos, los Faber-Castell Poly Ball, tienen un aspecto como veis impactante, impresionante. No solamente por su cuerpo ergonómico, grueso, de fácil sujección y muy cómodo, sino por el acabado tan lustroso, plateado y brillante, del capuchón en la punta, del pulsador, y del clip de sujección.


Yo sabía que el cuerpo del Poly Ball era de resina, y que no estaba a la altura por ejemplo de los Parker o de bolígrafos como los MR de Pilot o los mismos 55 de Inoxcrom, marcas que, por cierto, por ese precio ya te ofrecen un cuerpo con partes de metal. Sin embargo en estos Poly Ball me he sorprendido nada más cogerlo en mis manos por su ligereza. Una de dos: o las partes brillantes del boli estaban realizadas en aluminio -algo que me parecía imposible debido a su precio-, o estaban hechas de un plástico "simplón", una "cutre" resina pintada. Pues sí, mis peores sospechas se confirmaron: el clip, el capuchón y el pulsador están hechos de resina pintada en plata. Es simplemente plástico brillante.

No sería ningún inconveniente si no fuera porque este bolígrafo, como ya he dicho, se vende a precio de bolígrafos mucho más elitistas, de bolígrafos cuyo precio en el mercado ya se venden de metal. En los Poly Ball su cuerpo y piezas externas son totalmente de plástico. Además, Faber-Castell tampoco los vende como simple material escolar, son bolígrafos de escritorio, o al menos eso se les debe presuponer.

El clip da una penosa sensación de fragilidad, tan nefasta y tan débil que ni siquiera los bolígrafos de Bic más baratos tienen. Da la sensación de que se vaya a romper a las cuatro o cinco veces que lo saques del bolsillo. No acaban ahí sus defectos. La rosca en el capuchón es bastante débil, y el recubrimiento plateado seguramente acabe bastante deteriorado más pronto que tarde. Ya sabemos todos lo que ocurre con este tipo de pinturas, que se van desgastando por las aristas, y el pulsador y el clip están llenos de rebordes, así que más pronto que tarde el aspecto de este bolígrafo no será, en unos meses de uso más o menos habitual, el mismo y tan atractivo que veis aquí.


Recambio Faber-Castell G2M DOC (document-proof large capacity refill)
Otro enorme defecto es su recambio. El recambio que usa en los Poly Ball Faber-Castell es simplemente desastroso. No es porque sea una cuestión sólo de mi unidad, porque he probado varios, así que no es algo puntual de un solo bolígrafo; tampoco es cuestión de caducidad o deterioro de la tinta, porque ya os he mencionado que estos bolígrafos son de relativa reciente aparición. No es nada de eso, es simplemente que la tinta es nefasta, sin más. No me gusta nada. Es media, pero no parece media, no es la media de Inoxcrom, o la media de Pilot, que nos tienen acostumbrados a una tinta con cuerpo, sólida. Ésta del Faber-Castell Poly Ball es una tinta muy difusa, pero aparte de ello Faber-Castell la vende y la publicita como tinta indeleble apta para documentos -que cumple la normativa ISO 12757-2 y que es una tinta de altísima calidad, dicen- pero yo no sé dónde ven ellos la alta calidad, escribir con ella cuesta un mundo.

Será indeleble y será apta para documentación, no digo que no, y para una firma en un papel quizá sea hasta buena y recomendable porque no se deteriora con agua ni al rozarla, pero para escribir intensamente con ella no es nada aconsejable. No sé si será debido a la punta, que no es de tungsteno -a diferencia de los recambios de Inoxcrom, que sí lo son-, a la propia composición de la tinta, o si será debido a que Faber-Castell intente obligarte a que adquieras recambios propios y no de este tipo genérico.

Otro grandísimo defecto del recambio es que, aunque su aspecto sea impresionante (es un recambio metálico en todo su cuerpo, que asusta solamente de lo imponente y brillante que es) no es útil ni práctico, y salta a la vista el por qué. Mientras que en otros recambios, como los mismos de Inoxcrom, sus cuerpos son semi-transparentes y dejan ver tanto la tinta que va quedando como el estado de la misma (es decir, si la parte de silicona a absorbido mucha tinta o está envejecida) en éstos no se ve nada: no sabes la tinta que te resta, tampoco su estado (si la has tenido almacenada un tiempo y si se ha deteriorado), si puedes confiar en ella para seguir usándola, etc. No sabes nada, es un cuerpo metálico totalmente opaco que sí, mucho lujo y mucha presencia como es habitual en Faber-Castell, pero de ahí no pasa. Es un recambio hecho para admirar y mirar, simplemente para eso. Está bien para llevarlo a un museo, pero no para llevarlo en tu bolsillo. Así que si quieres un bolígrafo para exponer, el Faber-Castell Poly Ball es una buena elección, pero si quieres un bolígrafo para usar desde luego que no.


La parte buena (que también la hay)
Aún tras decir todo lo precedente, es cierto que este Faber-Castell Poly Ball tiene algunas virtudes, y fueron ellas en un principo las que me inclinaron a decidirme por él. ¿Cuales son? Principalmente su cuerpo. El cuerpo es de resina, pero de un plástico muy cálido, fino y cómodo, y no posee el acabado de goma que está invadiendo ahora ahora el mercado, esa asquerosa goma blanda que se vuelve pegajosa con el uso. El Poly Ball es de fácil sujección, y muy cómodo, pero su plástico no es de goma ni blando, es una resina consistente, muy bien trabajada y acabada, por lo tanto es un bolígrafo visualmente muy bonito. En lo que respecta al cuerpo principal, el del cilindro al menos, es muy bonito.

Por otra parte también tiene una forma muy cómoda, es triangular con vértices muy redondeados, que unida a su destacado grosos posibilita una escritura muy agradable en la posición de los dedos, claro que tiene el hándicap de la tinta, pero si no fuera por esa tinta el bolígrafo en sí es realmente cómodo, tanto de agarrar como de usar.

También me llamó agradablemente la atención el pulsador de generosas dimensiones, ergonómico con una parte superior hundida, muy impactante visualmente (como podéis apreciar por las fotos, todo el bolígrafo lo es) y en general la planta que tiene el Faber-Castell Poly Ball, es un boli muy convincente.

Otro de su atractivo tiene que ver con el mecanismo pulsador, es un mecanismo robusto, con un click potente, con mucho cuerpo y bien sonoro, que inspira confianza.


Se podría pensar que debido a su notorio grosor es difícil de transportar, pero la verdad es que no. A pesar de que los espacios para incrustar el bolígrafo en mi mochila son bastante estrechos, el Poly Ball entra y sale muy bien, no tiene ningún problema con ellos, debido a sus formas redondeadas y a su clip que se desliza bastante bien (no tiene el defecto, gracias a ello, de que se te quede el clip "pegado" como tienen otros bolis), aunque claro, al ser un clip sin demasiada flexibilidad y de plástico, no hay que forzarlo con los dedos porque tienes una altas posibilidades de acabar rompiéndolo. Esto me lleva a un dictamen palmario: si Faber-Castell hubiera hecho este bolígrafo como lo tenía que haber hecho, con mejores materiales y un mejor recambio, estaríamos, gracias a su diseño, ante un bolígrafo insuperable. Por desgracia eso no ha pasado y lo que tiene de bueno en forma y diseño lo echan por tierra sus materiales y su tinta.

Y, por último, lo que me agradó fueron los colores que les han puesto. Tanto éste como en el resto de versiones son colores muy cautivadores, que aúnan los brillos con la espectacularidad y la sobriedad. En especial este bourdeos (o este rojo carmín) es soberbio, no hay palabra mejor que lo defina, es una lástima que el resto del bolígrafo deje tantísimo que desear y no esté acorde con el bonito exterior, que no sea nada práctico. Pero por otra parte no debería de sorprendernos, ya que como os he dicho es en ese aspecto, el estético, en donde destaca este Faber-Castell Poly Ball, en lo demás, ni en su interior, ni en su construcción, no destaca en nada.


¿Y de dónde viene "ésto"?
Creo que ya se ve bastante bien en las imágenes: su lugar de fabricación. Nada de Alemania -como sería de esperar, Faber-Castell es alemana y muchos de sus últiles están hechos en Alemania, sobre todo los de su gama alta-, pero en este modelo queda patente que han elegido una de sus factorías en China para producir allí estos Poly Ball. Otro feo detalle que no me ha gustado es que pongan esa procedencia en una pegatina, no quiero ser mal pensado, pero es obvio que la mayoría de los compradores la quitarán (o se acabará cayendo), y así si alguien usa o ve el bolígrafo no sabrá su lugar de fabricación, solo verá el logo de Faber-Castell, que sí está grabado.

Pero no obstante no quiere eso decir que sea esa la razón de que el bolígrafo sea tan malo, hay que tener en cuenta que Faber-Castell fabrica en China algunos de sus útiles de pintura y tienen bastante fama y reconocimiento a nivel mundial. Que esté hecho en China no quiere decir algo malo "per se", pero ya no es lo mismo ver un "made in China" que ver un "made in Germany" o ver un "made in Spain", ya no inspira lo mismo ni da el mismo placer al usarlo. Ver un "made in China" parece que es como si lo hubieras comprado en un bazar de los chinos, o en un "todo a 1 euro". Da la sensación de bolígrafo de mercadillo, o del montón, y ver todo eso junto con el logo de Faber-Castell crea una contradicción que es bastante dura y difícil de asimilar. Repito que Faber-Castell fabrica muchos de sus productos allí, en China tienen una gran producción y ya sabéis que los chinos por los productos de lujo occidentales se vuelven locos, de forma que ellos (Faber-Castell) fabriquen a nivel local no solamente les rinde más beneficios para distribuirlos luego a escala internacional, sino que logran además obtener mayores beneficios en venta local. Pero eso tiene su contrapartida: que quien busca una marca como Faber-Castell y ve el "made in China" ya se le quitan las ganas de volver a confiar en ellos para adquirir este tipo de artículos. Quizá por eso pusieron esa información en un simple adhesivo temporal.


Ni regalado quieren a este Faber-Castell
Por lo tanto ha sido una decepción, y más aún desde el momento en que empecé a escribir con él y me dí cuenta de todos sus defectos: en los recambios, en sus materiales (tan pobres y ridículos), me dí cuenta de que no era ese bolígrafo que iba a sustituir a mi Inoxcrom Toledo, ni mucho menos. Sí es cómodo, probablemente lo sue con recambios de Inoxcrom que me vayan quedando de otros bolígrafos a punto de terminar, para aprovecharlos (he tenido el acierto, y de ahí que fuera una de mis razones al buscar este tipo de bolígrafos, en que use recambios genéricos porque así aunque un fabricante no tenga buenos recambios -como es el caso- puedes recurrir a los de Inoxcrom, y esa ha sido toda una ventaja), pero como bolígrafo de diario ni en sueños.

Tengo una anécdota con él, y es que pensaba que, por su forma y estilo, encandilaría mucho a las mujeres. Pero todo lo contrario: se lo llevé a una chica para regalárselo y ni ella lo quiso, me lo devolvió al instante.

La tinta del Poly Ball será todo lo cara que desde Faber-Castell quieran o digan, será elitista y permanente y cumplirá especificaciones "de aquí y de allá" y todo lo que ellos quieran, pero bajo mi punto de vista y desde la óptica de la utilidad no es una tinta nada aconsejable, es una tinta desastrosa, y encima en un recambio que la esconde y nunca llegas a saber la reserva que te queda, ni tampoco lo envejecida que está.

Es cierto que el bolígrafo, al ser de plástico, poco puedes andar atornillando y desatornillando el capuchón para verle el nivel de tinta, porque si lo haces muchas veces acaba pasando factura y terminarás sin bolígrafo seguramente, por lo tanto en ese sentido este Faber-Castell es de esos bolígrafos que tienes que llevar uno, y luego tienes que llevar a la vez varios de otra marca o un recambio siempre contigo, porque si te fías totalmente del Poly Ball en el momento más inesperado y cuando más lo necesites puede dejarte a dos velas.


Conclusión
Decepción absoluta en cuanto al Faber-Castell Poly Ball, ya desde tiempo me inclinaba más por Staedtler y por Inoxcrom que por esta marca, me parecía demasiado elitista y demasiado cara para los productos que tenían -o para algunos de ellos, otros son más equilibrados, es cierto-, pero nunca había llegado a un grado de decepción tal con este fabricante. Esto creo que ha sido ya la puntilla definitiva para no volver a apostar por ellos, al menos en cuanto a bolígrafos se refiere, y en bolígrafos seguiré apostando y prefiriendo los Staedtler, los Pilot, o los Inoxcrom, que son bastante más económicos y te ofrecen más y no suelen decepcionar, sobre todo Inoxcrom para mí tanto en construcción como en materiales y en utilidad y calidad son bastante más superiores.

Es cierto que encima de un escritorio un Faber-Castell Poly Ball siempre parece que impone más, pero no merece la pena, ni mucho menos, pagar el sobreprecio que ello conlleva.

Insisto, para finalizar, que en Faber-Castell pagas bastante la marca y pagas mucho por el producto. Lo que no acabo de entender es qué estás pagando en un Poly Ball como éste, fabricado en China y construido con plástico pintado de plata. Parece que hay gente que por la historia de la familia que posee la marca les tienen en gran estima y creen que se les va a pegar algo de la nobleza si usan sus productos. Lo que yo les diría es que como en la Edad Media, si te codeas demasiado con la realeza lo que te puede acabar sucediendo es que te pongan en el papel de bufón. Es mejor ser un pobre campesino errante, que un bufón en la Corte Imperial. Una ilustrada forma de decirte que si te compras estos Faber-Castell Poly Ball acabarás con la sensación de que se están riendo de ti.


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| Redacción: Duraderos

3 comentarios :

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Si Staedler tuviera mejor distribución venderían mucho más , es una gran marca, sin embargo Pelikan y Inoxcrom tienen muy buenos productos a precios muy competitivos que nada tienen que envidiar a las demás marcas.

    La Faber Castell no me llaman mucho la atención, se ve que ha bajado la calidad en algunos de sus artículos básicos, donde lo están bordando es con los libros para colear, estos libros para adultos están arrasando en ventas como libros de terapia para eliminar el estrés y según las cuentas de Faber Castell esta nueva moda ha mejorado sus arcas, algo increíble.

    Libros para colorear de Faber Castell, la mina de oro actual de la empresa: http://www.faber-castell.com.ar/art-and-graphic/drawing-book

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  3. Me desanima que Faber-Castell ya no apueste por la industria alemana, aunque sólo sea en productos de gama baja. Si dejan de creer en ellos mismo, mal van. Deseo mucha suerte a Inoxcrom, que de momento lo siguen haciendo aquí.

    Debo decir que mi experiencia con estilográficas de gama media de Faber-Castell es positiva, pero claro, hablamos de productos de 20€, y con sello Made in Germany.

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