Antes los objetos se hacían para durar, para ser reparados. Hoy se hacen en grandes cadenas de producción con el único fin de ser caducos. Ya no se repara ni se cuida con mimo objetos y artículos que nos acompañaban toda la vida, que nos servían durante generaciones. Los artesanos tradicionales han desaparecido, y en su lugar solo existen puntos de desperdicios y cadenas de ventas de baratijas. Puro consumismo decadente.

Sé bienvenid@ a Duraderos, el primer blog de consumo en donde nos fijamos en la fiabilidad de los productos y en su utilidad práctica. Aquí te hablaremos de los objetos y artículos hechos para durar y para resistir el más rudo trato diario, nuestro ritmo. Hechos como antes. En una palabra: duraderos.

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Philips OneBlade, lo último de Philips para el afeitado


En estos días la multinacional Philips está realizando una agresiva campaña con el fin de dar a conocer su última solución de afeitado, una maquinilla eléctrica a la que denominan "OneBlade".

Sin entrar a valorar su estrategia de ventas, tengo que reconocer que Philips (y aquí lo he dicho muchas veces) me gusta bastante. Sus maquinillas de afeitado (al menos hasta los noventa) eran robustas, eficientes, apuraban muy bien y duraderas. De hecho, la maquinilla eléctrica que yo mismo usaba hasta hace no mucho era de los ochenta, tras romperse (literalmente) el disco de uno de los cabezales de mi úlima Philipshave.




Por desgracia los tiempos ahora son muy diferentes, y a Philips (como a la gran mayoría de fabricantes de electrónica de hoy) no le interesa ni le conviene que sus productos duren muchos años prestando un servicio excepcional, sino que le interesa que haya que cambiar cuchillas, cabezales, y partes parecidas del producto. Y cuantos más accesorios y elementos extra puedan añadir al producto, mejor.

No es extraño que, por lo tanto, unos cabezales de corte de recambio para afeitadora salgan a un precio similar a la propia afeitadora entera, algo parecido a lo que ocurre también en relojería, donde nos encontramos con que los relojes poseen correas específicas, no estándar, para que las tengas que sustituir y así te cueste tanto la correa como el reloj entero. Así lo hacen la mayoría de marcas de relojes, sobre todo en los smartwatches y relojes deportivos.


Es comprensible que Philips haga eso en sus maquinillas de afeitado con cabezales rotatorios, las archipopulares máquinas de Philipshave, pero uno no entiende cómo es que a mediados de siglo, y en los setenta u ochenta, esos cabezales podían estar trabajando sin problemas durante más de diez años, y hoy no.

Por otro lado, hay que romper una lanza a favor de esta marca holandesa, porque es de las pocas que -aún- en sus cortapelos y cortabarbas ofrece cuchillas auto-afilables y auto-lubricantes, algo que casi ningún fabricante del mercado ofrece. Esperemos que esto siga siendo así por mucho tiempo, aunque por desgracia estamos viendo que la tendencia no es esa, y este modelo de Philips, el OneBlade, es un buen ejemplo de ello. Porque, insisto, a las marcas les conviene que el consumidor se vea obligado a adquirir de cuando en cuando repuestos, que esto no seria tampoco demasiado dramático sino fuera porque, en realidad, el recambio cuesta casi tanto como la máquina entera.


Básicamente la Philips OneBlade hace lo mismo que el recorta-barbas de una afeitadora convencional, aunque en este caso con un nuevo diseño y -según la propia Philips- "tecnología" que lo hacen más cómodo y eficiente, y con unas cuchillas de tipo rastrillo que poseen unas puntas redondeadas, evitando así que corten la piel. En realidad, su secreto está en la velocidad, ya que al moverse 200 veces por segundo aseguran un corte increíblemente eficiente. De esta manera, la cuchilla puede seguir los contornos mediante un sistema móvil (pivotante) de soporte del cabezal, puede afeitar como una maquinilla plana (no rotatoria), o recortar y perfilar la barba o el bigote, para que así pueda mantener la forma.

El principal problema que le veo respecto a las Philipshave convencionales es que es un sistema de corte, obviamente, "abierto", por lo que los pelillos al afeitarse saltan por todas partes en lugar de recogerlos la propia maquinilla, dejando el lavabo (o donde nos afeitemos) perdido y, lo peor, con la cara llena de molestos pelillos (además con el peligro de que se nos metan por los ojos o en la nariz, o se claven, un contratiemppo que no es menor pues al cortarlos en diagonal la cuchilla, deja el pelo con un extremo muy punzante). No quiero hacer de esto una tragedia, pero una vez tuve la desafortunada experiencia de que uno se me clavase en un ojo y os puedo asegurar que no es algo nada agradable, y de hecho tuvieron que extraérmelo en el médico.


No solo por esto, sino por la suciedad y el engorro, no soy muy amigo de este tipo de aparatos, más aún cuando descubres que la afeitadora cuesta unos 30 €, y el pack de dos cabezales (que incluye soporte y cuchillas), que hay que cambiar cada cuatro meses (si te afeitas dos veces a la semana, si nos nos afeitamos cada menos tiempo la duración es menor) nos sale a un precio de 25 €. Es decir, solo cinco euros menos que la máquina entera (la máquina viene con un cabezal ya instalado). Para rizar más el rizo, hasta la tapa protectora hay que comprar por separado (4 €), y si queremos peines para determinada longitud (hay varios) tendremos que desembolsar 6 € más.

Y para más molestia aún, según el tipo de batería que elijas vas a tener que dejar el aparato enchufado y cargando hasta nada menos que ocho horas. Lo dicho, un incordio que, supongo, Philips venderá ahora bastantes unidades por la novedad (en la tienda en la que cogí el folleto que veis les quedaban muy pocas, y las habían vendido casi todas) y por haberlo lanzado (que tontos no son) en estas fechas precisamente para regalar, pero luego será uno de esos aparatos para olvidar. Sinceramente: si dejan de fabricarlo no seré yo el que lo eche en falta















| Redacción: Duraderos.blogspot.com

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