Antes los objetos se hacían para durar, para ser reparados. Hoy se hacen en grandes cadenas de producción con el único fin de ser caducos. Ya no se repara ni se cuida con mimo objetos y artículos que nos acompañaban toda la vida, que nos servían durante generaciones. Los artesanos tradicionales han desaparecido, y en su lugar solo existen puntos de desperdicios y cadenas de ventas de baratijas. Puro consumismo decadente.

Sé bienvenid@ a Duraderos, el primer blog de consumo en donde nos fijamos en la fiabilidad de los productos y en su utilidad práctica. Aquí te hablaremos de los objetos y artículos hechos para durar y para resistir el más rudo trato diario, nuestro ritmo. Hechos como antes. En una palabra: duraderos.

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Prueba: maquinilla de afeitar clásica de Wilkinson. Impresiones


Por increíble que parezca, y aunque soy un ferviente admirador y defensor de las maquinillas eléctricas (de las antiguas Philishave, en concreto), he decidido probar con el afeitado clásico. Las razones son varias, pero entre ellas se encuentra el deseo de espaciar los afeitados para estar durante bastante tiempo con un poco (muy poco) de barba, y hasta el momento no hay ningún cabezal rotatorio de Philips que admita el vello un poco largo y, como bien sabréis si lo habéis intentado, afeitarse con un poco de barba y maquinilla eléctrica es muy molesto (además de doloroso).

Es cierto que hay soluciones en el mercado para estos casos, como las maquinillas eléctricas tipo rastrillo o de corte con cuchillas al aire (como las Philips OneBlade), pero el principal inconveniente -y por lo que no me gustan- es que dejan "los pelillos" tirados por todas partes, llenando tu ropa (y tu cara) de ellos. No solo eso, sino que a veces los lanzan por todos los rincones y estás más tiempo intentando solucionar el desastre que has montado, que afeitándote.




Como por lo tanto, y a día de hoy al menos, no hay un sistema que permita recoger el vello facial mientras lo cortas como sí poseen las Philipshave "normales", la única alternativa intermedia y para casos como este es el afeitado en mojado, donde los pelos se quedan en la espuma (o en la maquinilla) y no salen disparados por todas partes.

Para empezar en este mundo del afeitado clásico (en el cual os recomiendo los posts que sobre el particular ha escrito Guti en su blog) he decidido empezar por una maquinilla de las más ajustadas -en cuanto a precio- del mercado, la Wilkinson Classic.


Wilkinson es el único fabricante "de los grandes" que ofrece este tipo de maquinillas, ya que ni Gillette ni, por supuesto, BIC,tienen un producto así. La razón es bien sencilla: tanto BIC como Gillette prefieren que adquieras sus maquinillas, en el primer caso desechables (y más dañinas para el medio ambiente) y en el segundo caso con recambios que te cuestan diez o veinte euros, o sea: tanto como la maquinilla entera. Negocio redondo, como veis.

Con una maquinilla clásica todo cambia, puesto que una vez inviertas en ella, aunque sea algo cara, ya solo tendrás que adquirir las cuchillas, que tienen un precio bastante menor que los recambios de las otras maquinillas y, por supuesto, cuestan mucho menos -por lo general- que la propia máquina.


No obstante el caso de Wilkinson es una excepción, ya que su maquinilla cuesta casi lo mismo que sus cuchillas de recambio. La razón de esto es bien sencilla, y es que su maquinilla es de muy mala calidad. Posee un exterior de plástico, con un mango con interior de metal, que incluye una rosca que se une a un tornillo de plástico. Así, tenemos una rosca de metal y un tornillo de plástico, y ya sabéis todos que es una malísima idea mezclar el plástico y el metal en un tornillo, tuerca o rosca. Por desgracia -probablemente para abaratar costes- en Wilkinson lo han hecho.

Por lo tanto en Wilkinson podríamos decir que cuando compras su maquinilla clásica, no estás comprando una maquinilla y te regalan las cuchillas, más bien lo que compras son las cuchillas y te regalan la maquinilla, puesto que ésta deja muchísimo que desear. No obstante por el precio (unos cinco euros) está bastante bien para empezar, y por eso yo la he elegido.


Si estás acostumbrado a afeitarte con maquinillas modernas, la Wilkinson la notarás bastante pesada, y eso que no es ni mucho menos de las más pesadas del mercado. Pero la peor impresión de todas es el soporte para la cuchilla, realizado en plástico y que tiene una fijación digamos, para no ser muy críticos, claramente mejorable. Tanto es así que cuando le coloqué la cuchilla, en un extremo del soporte aparecía más filo que en el otro, y tuve que volver a recolocarla. No se si esto ocurrirá en las maquinillas más elitistas, pero es un detalle que da malas sensaciones.

Por otro lado, el sistema de atornillar el mango con interior de metal sobre el extremo a rosca de plástico es francamente desagradable. Al principio va muy flojo y al final va demasiado duro, de manera que tiende a dejar la cuchilla mal alineada. Supongo que una de las razones es un sistema muy parco, y un tornillo con espirales muy separadas entre sí, algo necesario al ser de plástico (si las espirales estuvieran más unidas, acabarían comiéndose por los efectos que sobre ellas ejerce la rosca de metal).


Alguien puede decir que para lo que cuesta, tampoco se puede pedir demasiado, pero muchos pagaríamos algo más por un sistema un poco mejor y, sobre todo, más delicado y bien diseñado, porque al fin y al cabo es para afeitarse, no una máquina de cortar el césped. Ahí tenemos, por ejemplo, a Beter, con una maquinilla de metal con rosca metálica y cuyo precio ronda los 10 €. No podemos decir que no se pueda hacer, sino básicamente que en Wilkinson no quieren hacerlo mejor, así de simple. Quizá para desanimar a sus potenciales clientes y así incitarles a que adquieran sus maquinillas de afeitado muchísimo más caras, como las nefastas y absurdas Wilkinson Quattro, o las rocambolescas Wilkinson Xtreme desechables.

Otro detalle que no me gusta nada de la Wilkinson Classic es esa especie de "agujeros" que tiene por todo el mango. Son lo bastante profundos y, encima, tiene un diseño en aristas bastante pronunciado como para que con el tiempo se acabe acumulando una gran cantidad de suciedad en ellos. Supongo que en Wilkinson han pensado que, si el cliente no se ve obligado a cambiar de maquinilla por cuestiones de durabilidad -aun siendo de plástico-, pues que se vea obligado a hacerlo por cuestiones de higiene. Una maquinilla de afeitar debería tener una forma y diseño específico para poder ser limpiada con facilidad, habida cuenta de los ambientes húmedos y la cantidad de pelillos a los que deben de enfrentarse. En Wilkinson parecen haber pasado por alto todos esos detalles, y de las opciones de mango que podían haber escogido, han elegido una de las peores. Parece mentira que una casa con tanta historia como lo es Wilkinson haga estas chapuzas.


Es evidente que es un producto barato, pero si querían hacerla de plástico -no tengo nada en contra de las resinas, es más, me agradan-, tendrían que haberla hecho entera o, al menos, hacer el interior de metal totalmente incrustado en el plástico, y no con las aberturas que le han puesto hacia el exterior. Además que todas esas aberturas, al menos en mi opinión, al tacto, son bastante desagradables.

Tengo que aclarar que todas estas críticas hacia Wilkinson no son perjuicios, realmente lo lamento sobre una marca a la que le tenía mucho cariño. En realidad yo empecé a afeitarme con sus maquinillas, en concreto un precioso modelo Profile Mk3 Fixed de cabezal fijo (de ahí el término de "fixed") al que me convertí en fiel admirador y que, por supuestísimo, es imposible de comprar en la actualidad. Por desgracia, sus competitivos recambios acabaron convirtiéndose en muy difíciles de encontrar, hasta el punto que decidí adquirir una segunda maquinilla, con la esperanza de seguir usándola por si las acababan retirando. Poco tiempo después, y tras usar esa segunda maquinilla, tuve que renunciar a ese modelo porque en Wilkinson dejaron de fabricarlo.


Y ese es, precisamente, uno de los motivos por los que no me ha gustado nunca el afeitado con cuchilla, porque si te acostumbras a un modelo de maquinilla y te sientes cómodo con él, y a unos recambios, al ser específicos de un fabricante estás totalmente vendido y en sus manos. En el momento en el que el fabricante quiera (o le convenga, para que te pases a otro modelo que le dé mas beneficios o mayor margen de ganancias) te dejará colgado. Esto no ocurre con el afeitado clásico, puesto que aunque una marca deje de fabricar los recambios (las cuchillas), una vez te hagas con tu maquinilla favorita siempre te resultará bastante fácil encontrar las cuchillas en otro fabricante, incluso en marcas blancas (como el Mercadona).

Por de pronto (eso sí) hay que agradecerle a Wilkinson que siga fabricando estas maquinillas, pero también hay que darle un buen tirón de orejas por hacerlas tan pésimamente, cuando sabemos de sobra que tienen tanto la experiencia, como los conocimientos y los recursos, para hacer unas maquinillas a precios muy competitivos e infinitamente mejor. Lo que ocurre es que, simplemente, no les ha dado la gana.








| Redacción: Duraderos.blogspot.com

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