Antes los objetos se hacían para durar, para ser reparados. Hoy se hacen en grandes cadenas de producción con el único fin de ser caducos. Ya no se repara ni se cuida con mimo objetos y artículos que nos acompañaban toda la vida, que nos servían durante generaciones. Los artesanos tradicionales han desaparecido, y en su lugar solo existen puntos de desperdicios y cadenas de ventas de baratijas. Puro consumismo decadente.

Sé bienvenid@ a Duraderos, el primer blog de consumo en donde nos fijamos en la fiabilidad de los productos y en su utilidad práctica. Aquí te hablaremos de los objetos y artículos hechos para durar y para resistir el más rudo trato diario, nuestro ritmo. Hechos como antes. En una palabra: duraderos.

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Bolígrafo y papel


Hoy he tenido que acercarme a Correos para realizar un envío. Allí, me encontré con el único funcionario, desesperado, reseteando su terminal de ordenador para intentar hacerla funcionar. Le recordé lo habitual que era eso, diciéndole - y es cierto - que en anteriores ocasiones que había ido, siempre tenían el sistema informático caído. Él me reconoció que en efecto, les pasaba cada dos por tres. Le dije que con el sistema antiguo de lápiz y papel, no pasaba, a lo que respondió: "¡cómo echamos de menos los bolígrafos! ¡Esos siempre funcionaban!".

De camino me fui la farmacia, y entregué mi receta electrónica. La farmacéutica tuvo que repetir varias veces el proceso de admisión, porque el sistema daba error. Mientras tanto, la gente llegaba y se iba agolpando detrás de mí. Le comenté lo mismo: esto con el sistema antiguo de un lápiz y papel no ocurría. Su respuesta fue similar: ¡cómo echamos de menos el bolígrafo!




Tanto es así que, de hecho, el sistema de receta electrónica no suele funcionar los sábados, por lo que es aconsejable que no solicites que te expidan los medicamentos ese día.

Puede que la informática nos haya facilitado la vida, no lo dudo, pero en un gran número de ocasiones el bolígrafo y el papel sigue siendo lo mejor.

La dependencia actual a bases de datos y a sistemas operativos (todos ellos de compañías estadounidenses, por cierto), asusta. Y esa dependencia llega a tales extremos que si un día falla un elemento de la cadena (electricidad, componentes electrónicos, o software), falla todo. Lo verdaderamente inaudito es que no haya nada que lo sustituya, no hay opción a que, si ese sistema informático falla, se pueda utilizar otro sistema (mecánico o manual).


Que cada vez dependamos tanto de la electrónica china y del software estadounidense debería preocuparnos bastante, o por lo menos hacernos recapacitar. Unos sistemas, por cierto, que además son enormemente endebles.

Supongo que hasta algo grave no ocurra no se tomarán medidas, y los sistemas seguirán cayéndose, y los trabajadores que tengan que lidiar con ellos seguirán echando de menos el bolígrafo y el papel.

| Redacción: Duraderos.esRevistas.com