Antes los objetos se hacían para durar, para ser reparados. Hoy se hacen en grandes cadenas de producción con el único fin de ser caducos. Ya no se repara ni se cuida con mimo objetos y artículos que nos acompañaban toda la vida, que nos servían durante generaciones. Los artesanos tradicionales han desaparecido, y en su lugar solo existen puntos de desperdicios y cadenas de ventas de baratijas. Puro consumismo decadente.

Sé bienvenid@ a Duraderos, el primer blog de consumo en donde nos fijamos en la fiabilidad de los productos y en su utilidad práctica. Aquí te hablaremos de los objetos y artículos hechos para durar y para resistir el más rudo trato diario, nuestro ritmo. Hechos como antes. En una palabra: duraderos.

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No respondas a este correo


Con el correo antiguo, el conocido como "correo caracol", solía ocurrir que a veces el cartero depositaba en tu buzón (o echaba bajo la puerta de tu casa, que antes solía pasar, sobre todo en pueblos) una carta equivocada. No pasaba casi nunca nada, porque la mayoría de las veces era para tu vecino o de alguien conocido y entonces, cuando salías a la calle, aprovechabas e ibas y la dejabas en el buzón correcto.

Sólo en muy pocas ocasiones pudiera ocurrir que no conocieses al destinatario, y entonces se la devolvías al cartero haciéndole mención a su equivocación, y él mismo solucionaba el problema. Más tarde o más temprano, en suma, la carta llegaba a su destino.




El correo electrónico nos ha traído muchas bondades: inmediatez, rapidez, comodidad... Pero, por contra, nos ha traido también algunos problemas. Uno de ellos es cuando recibimos esos e-mails que no son para nosotros, sino que tienen como destinatario a otras personas con direcciones parecidas a la nuestra (u otras veces radicalmente distintas, pero que por múltiples causas - como la despreocupación por no traspasar ni intercambiar datos en la gestión de ficheros - acaban en nuestra bandeja de entrada).

Como los datos de correo muchas veces pasan un proceso "manual" (cuantos hemos tenido que rellenar documentos y boletos poniendo nuestro correo a bolígrafo, ¿verdad?), o de viva voz, la persona que lo escribe luego a ordenador para guardarlo muchas veces comete incorrecciones, bien sea porque no entiende nuestra letra, porque la "c" y la "s" o la "z" las pronunciamos igual, o por mil razones más. A esto hay que añadir que, como las direcciones de correo "fáciles" suelen estar ya casi agotadas, es muy común encontrarse con términos como "tiburoncitomar44@gmail.com", que puede acabar como "tiburonsitomar44", "tiburoncitocuarentaycuatro", "tiburoncitomas44", "tiburoncitomal44", "tiburoncitoymas44", y múltiples variantes más.


Para complicar más el asunto, una inmensa mayoría de servicios que envían correos no admiten respuesta, o sea, tienen ese popular "noreply@loquesea.com" o "noresponder@loquesea.com", pasando por los "norespondas@loquesea.com", "noseatiende@loquesea.com", e incluso "nomolestes", "noseresponde", "noconsultas"... Como si quien enviase el correo fuera un ser etéreo, algo que no está ahí, que aparece para dejarte "el recado" y luego se esfuma diciéndote: "ahora el marrón es tuyo". De manera que, si te llega un correo equivocado y quieres advertírselo a la compañía que te lo ha enviado, casi nunca puedes hacerlo.

Muchas veces no hay problema y el servicio funciona más o menos bien, pero ¿cuando no? Pues cuando no, entonces nos encontramos con servicios que no hemos pedido, facturas de cosas en las que no nos hemos dado de alta, e infinidad de correos similares. Como muchos de ellos no se pueden responder (y dudo que las compañías hicieran nada por solucionarlo, "eso es problema del cliente, que nos dé la dirección bien", como si ellos nunca tuviesen la culpa) te encuentras con que eso de hacer de cartero y dejarle la carta al vecino ya no es posible, porque no sabes cual es el vecino, dado que esa dirección (que puede ser "tiburoncito" en lugar de "tiburonsito" o "cinturito" o lo que sea) es realmente la tuya. Lo que pasa que alguien, en la cadena que explicaba anteriormente, guardó ese correo mal.

Estoy seguro que a tu correo llegan (o han llegado) e-mails de lo más variopinto, de servicios que no te diste de alta jamás o de facturas, notificaciones, avisos y recados de a saber quién será. En este post os pongo un ejemplo de lo que me llega a mí, haciendo hincapié, una vez más, en la necesidad de poner bien clarito nuestro correo y, si tenemos que escribirlo a mano, hacerlo siempre en mayúsculas. Porque luego "el gran hermano" os dirá que no es de él la culpa, y que él nunca se equivoca. Y puede que correos importantes acaben a saber dónde y, lo que es peor: nadie conoce ni vuestro buzón ni vuestro vecindario para devolvéroslo. De manera que se quedará para siempre en un raro limbo, sí, en ese sitio inexistente pero tan socorrido a donde acuden todos los "noreply" de compañías idiotas que no quieren ser molestadas.


| Redacción: Duraderos.cc / Duraderos.blogspot.com

1 comentario :

  1. Fíjate que ayer releía este post de hace 7 años: El riesgo de las cuentas de email caducadas.

    Creo que no debería ser legal que alguien se pusiera en comunicación contigo sin darnos derecho a réplica, porque al final eso es spam. Y no sólo hablamos de email o cartas, sino de llamadas telefónicas hechas por robots, de números ocultos, ...

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